María José Ordoñez / Alejandro Alvarado

Uno de los proyectos de infraestructura más importantes del país se encuentra paralizado por cuenta de un rosario de problemas generados por la falta de planeación de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI).

En el año 2016 la Agencia Nacional de Infraestructura firmó contrato de concesión con la empresa Autovía Bucaramanga – Pamplona S.A.S de propiedad de Carlos Alberto Solarte Solarte, uno de los tigres de la construcción de infraestructura del país. 

Lo que parecía ser la solución a una deuda histórica en la red vial nacional resultó ser un problema más grave, a Carlos Alberto Solarte dueño de la concesión lo capturaron junto a su hija Paola Solarte, acusados en el caso Odebrecht por el contrato Tunjuelo – Canoas.

La condena a Paola Solarte terminó por cerrar las posibilidades de Autovía Bucaramanga – Pamplona de lograr un cierre financiero y hasta la fecha desde el 2016 tiene problemas para garantizar los recursos para la construcción del corredor vial. 

Lo contratado

La ANI contrató una carretera sencilla bidireccional, o sea una carretera tradicional que divide dos carriles a través de la demarcación vial, en la actualidad ese corredor vial ya existe, y está calificado como uno de los tramos viales con mayor riesgo de accidentalidad del país. 

Dentro de las novedades contratadas está una nueva conexión entre la carretera y la entrada a Bucaramanga, se diseñó una conectante de 13 kilómetros que es una obra nueva que parte a la mitad los cerros orientales de Bucaramanga. 

Desde Bogotá se estructuró un proyecto pensando en economizar dinero al constructor y por esa razón se escogió la alternativa menos adecuada con relación a los kilómetros recorridos por los usuarios de la vía, además autoriza la instalación de dos casetas más de peajes. 

El área ocupada por la conectante de 13 kilómetros implica talar más de 17 mil árboles y la afectación a distintos niveles de 50 nacederos de agua, todo cuenta con autorización de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) aún cuando la comunidad ha encontrado y probado irregularidades como el inventario incompleto de nacederos, así como la presencia de especies de aves que tienen su hábitat amenazado. 

Las autoridades locales

En más de cinco años de litigios y movilización de las comunidades ninguna autoridad local se ha pronunciado de manera contundente en contra del proyecto, de hecho los alcaldes y el Gobernador desconocen las implicaciones para la vida y la integridad de miles de personas si se sigue permitiendo la afectación a los cerros de Bucaramanga.

Aunque está probado que el corredor vial diseñado por la ANI descargara al día más de 3 mil vehículos de carga pesada en una autopista obsoleta y colapsada como lo es el corredor entre Bucaramanga y el vecino municipio de Piedecuesta. 

Ninguna el Área Metropolitana de Bucaramanga quien es la autoridad de transporte de los cuatro municipios que la integran, como ninguna dirección de tránsito han presentado ninguna oposición al proyecto aún cuando en el corredor vial Bucaramanga – Piedecuesta se encuentra en funcionamiento una de las calzadas del Sistema Masivo de Transporte – Metrolinea, y a su vez es una ruta usada por ciclistas y motociclistas. 

Hasta el momento nadie da explicación sobre la escogencia del diseño, más allá de la conveniente que justifica su contratación alegando que era la forma más eficiente de hacer la conexión, sin embargo recordar que la vía planteada no cuenta con doble calzada y las velocidades de diseño promedian los 30 kilómetros por hora en subida es un verdadero desastre contrario a la modernidad.

Conectar Bogotá con Venezuela: imposible

Aunque en la historia de Santander y del país han existido otras alternativas de conexión que va desde el Alto del Escorial hasta el tendido de una línea férrea, en Bogotá decidieron escoger la solución más cara, lenta y contaminante. 

De hecho la actual carretera parte en dos el Páramo de Santurbán que provee agua a más de cinco millones de personas, es así como la vía entre Bucaramanga y Pamplona seguirá siendo una calzada sencilla, peligrosa y obsoleta. 

Todo el comercio internacional de Colombia con Venezuela sigue transitando en una carretera que mueve con lentitud el desarrollo nacional, que sigue generando graves problemas de seguridad vial y que en conclusión no tendrá ningún avance en los próximos años.

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